Hacerse de una organización que conquiste altos parámetros de calidad y eficiencia, requiere abrir los equipos a la autonomía y a la diversidad, esto es, alentar la vocación y la vigencia de códigos para el trabajo en equipo diseñados por los propios colaboradores bajo el auspicio de una autoridad reguladora. Se necesita un camino de vida edificante y una moralidad de consenso. Son dos, pues, los caminos que tejen la nueva Cultura Organizacional de Occidente para la competitividad: primero, la siembra de una "consciencia de sí mismo" para el incremento de la libertad interior. Segundo, el impulso de un criterio liberal y constructivista que aplauda una esencia corporativa cosmopolita, es decir, el compromiso de los líderes organizacionales de aglutinar lo razonable en normas para la comprensión intelectual mutua y la salvaguarda de la libertad. Ambas rutas, entrecruzadas, aseguran la iniciativa, la experimentación y los compromisos auténticos. Permiten a la empresa, innovar, vender y triunfar a partir del reconocimiento de la persona como fin en sí mismo, volviéndola el engranaje que impulsa el crecimiento empresarial. |