El camino ancho y llano Podemos decir que los seres humanos pocas veces hemos afrontado la experiencia de la vida llevando fielmente con nosotros el anhelo de una existencia edificante. La mayoría de las veces, hechizados por los colores y las texturas de las cosas, nos hemos lanzado al mundo sin reparar suficientemente en nosotros mismos y en los demás. Ciertamente, a lo largo de la historia, el ser humano, atolondrado, ha querido tocar la vida en todos sus puntos posibles, sembrando la frustración, la ansiedad y el remordimiento en su corazón, así como la desventura y el dolor en sus semejantes. Hay que decirlo, la imaginación y el deseo, fulgurantes y poderosos obsequios de la naturaleza para la supervivencia, han terminado por enardecernos y apabullar el valor de la independencia emocional y la solidaridad. En el afán de regir el mundo, hemos pospuesto la reflexión profunda sobre la experiencia de existir, relegando la posibilidad de cultivar nuestro reino interior y disfrutar del privilegio de vivir, pensar, aprender y servir a los demás. Los estragos de una desmedida inquietud por el poderío, la vanagloria y la riqueza, han dañado nuestra autoestima y honorabilidad, privándonos de una vida entrañable y cordial. Sacudidos de un lado para otro por las pasiones, hemos olvidado fundarnos a nosotros mismos y conseguirnos una realización original que sea ventajosa para la comunidad. |