El Consultor escribe

Ideal y Realidad

Por: Hugo Marroquín
Consultor

- “¿Cómo puedo cambiarme a mí mismo?”
- “Tú eres tú mismo; consiguientemente, tú no puedes cambiarte a ti mismo, de la misma manera que tampoco puedes alejarte de tus pies”.
- “¿No tengo, pues, nada que hacer?”
- “Puedes comprenderlo y aceptarlo”
- “Pero ¿cómo voy a cambiar si me acepto a mí mismo?”
- “¿Y cómo vas a cambiar si no lo haces? Lo que no aceptas no puedes cambiarlo; simplemente, te las ingenias para reprimirlo.”
Anthony de Mello


A lo largo de la historia, el proceso de desarrollo humano y social se ha ido abordando de diferentes maneras y canalizando por diversos caminos.

Un camino importante es aquel que concentra las perspectivas en el desarrollo desde arriba. Se entiende ello como abordar el crecimiento humano desde un ideal prefijado que procura reunir todas las fuerzas, competencias y virtudes a fin de conseguirlo, para desde allí interpretar y descender luego hacia las realidades de abajo.

Hay otro camino que parte de la realidad concreta de cada persona desde una perspectiva integral que contempla no sólo las virtudes y talentos, sino parte de una observación y aceptación personal allí donde se vislumbran nuestras mayores flaquezas, dificultades, frustraciones, errores, temores, sombras, etc. Un enfoque centrado desde arriba podría prescindir de aquello, dejando olvidado o escondido lo que requiere una inicial identificación, comprensión y aceptación por ser el eslabón frágil de nuestro sistema de personalidad, el cual estaría predeterminando el sentido, la fuerza y unidad del conjunto.

Esta perspectiva de un desarrollo desde abajo nos sitúa en la pregunta sobre qué hacer cuando advertimos que los proyectos nos salen mal o se estropean. Supone una cierta dosis de valor para explorar, comprender y aceptar todo cuanto de negativo se percibe en nosotros.

En la tradición de la cultura sufí, existe un personaje denominado el Mullah Nasrudín que personifica la paradójica naturaleza humana de una libertad condicionada radicalmente por sus limitaciones que al identificarlas y comprenderlas, en la narrativa de sus historias, se sonríe constantemente de sí mismo. Esta alegría supone liberación de aquello que inicialmente le oprimía por desconocimiento. Y es que cuando somos más conscientes de nuestras debilidades y limitaciones nos sentimos más libres de un orgullo desmedido y actuamos con mayor generosidad.

Ciertamente no hay oposición entre el desarrollo desde arriba y el desarrollo desde abajo, partiendo de la realidad de cada persona, ya que todo ideal permite canalizar en las personas una energía singular y nos provee de un modelo que guía nuestra vocación, permitiéndonos descubrir las potencialidades que llevamos dentro. Estas referencias ideales subjetivas, que son parte de nuestra mejor cultura, nos permiten orientar nuestro caos interior; deteniéndose siempre en la consideración de aquellos aspectos que podrían obstaculizar el proceso de desarrollo.

En síntesis, cuando los ideales se ponen en contacto con nuestra realidad más personal se activa un equilibrio que da sentido a nuestro proceso de crecimiento. De allí la importancia de discernir el proyecto de vida personal, así como un autoconocimiento que nos ubique en la perspectiva de un desarrollo más integral, nos renueve y devuelva listos para el trato con los demás.

Fecha: 31/03/2008

Búsqueda en
artículos anteriores

© 2008, CAMPOVERDE Consultores Asociados S.A.C.
Calle Ernesto Diez Canseco 236 - Of. 302 Miraflores, Lima 18, Perú
Tel: +51(1) 444 3311 / 444 5308 / 444 9478